Nuestros sentidos, especialmente el oído y la vista, van disminuyendo a partir de los 40 años, y desde los 70 es común tener la visión alterada, pero esto puede corregirse con anteojos, operación de cataratas, audífonos, etc.
El resto de sentidos, no menos importante que los dos principales ya antes mencionados; olfato, gusto y tacto. También se deterioran, pero estos cambios son menos evidentes que las del oído y vista.
A continuación, procederé a describir algunos cambios que se podrían dar en nuestros sentidos, factores de riesgo y medidas de autocuidado.
La vista: uno de los cambios normales que se podría dar son; visión borrosa y la necesidad del uso de lentes para leer, coser o para ver de lejos, resequedad en el ojo, los párpados se vuelven más débiles y pesados, dificultad para diferenciar los colores, hipersensibilidad a la luz y resplandor, y disminución de la adaptación de la adaptación a la oscuridad. Factores de riesgo; demasiada exposición al sol, fumar, mala nutrición, infecciones del ojo, enfermedades crónicas, etc. Medidas de autocuidado de los ojos; consultar al oculista u oftalmólogo periódicamente, evitar cambios bruscos de oscuridad a luz, no dejar cosas en medio del camino, es decir, mantener los pasadizos y habitaciones ordenados, mirar bien y verificar las cosas antes de utilizarlas, utilizar una buena luz cuando vaya a leer o a realizar trabajos manuales, no frotarse los ojos y lavarse las manos antes de tocárselos, etc.
La audición: uno de los cambios normales que se podría dar son; audición difusa, menor captación de los sonidos, un vibrar en la audición que impide la correcta audición, meterse objetos a la oreja como llaves o palitos de fósforo, etc. Factores de riesgo; diabetes, sífilis, otitis, lesiones por traumatismo craneano. haber trabajado en ambientes con alta contaminación de sonido como fábricas, talleres mecánicos, etc., medicamentos como la estreptomicina, gentamicina, diuréticos, etc. Medidas de autocuidado del óido; evitar exponerse a ruidos, no usar audífonos con música a volumen alto, limpiarse el oído con sumo cuidado, acudir al especialista para evaluar cómo escucha y ver si necesita tratamiento, si tiene dificultades para oír, decirle a los demás para que le hablen más alto y más despacio para que lo entiendan.
Y con estas breves indicaciones a tener en consideración a la hora de comunicarse con un adulto mayor, me despido estimado lector.
Escrito por: Huertas Mantilla, Leonardo.
Referencia:
- MIMP. (2009). Por un envejecimiento activo, productivo y saludable. (2da. ed.). Lima: Industrias Gráficas Ausangate.

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