domingo, 5 de octubre de 2014

La personalidad de un adulto mayor con experiencia atrae más que uno con experiencias insustanciales


Luego de llevar un curso de psicología de la personalidad, junto con lecturas, experiencias directas e indirectas y un comentario muy certero de un profesor que admiro (Ramón León), pude llegar a una tentativa conclusión con respecto a la seducción en el adulto mayor.

Este es un caso de la vida real de un adulto mayor que estaba en la línea final de su sexta década de vida.

En el año 2007, cuando cursaba el cuarto año de secundaria en un colegio militar internado, cuyo nombre es “Leoncio Prado”, ubicado en la provincia constitucional del Callao. Llevaba un curso de matemática con un profesor muy apreciado por muchos cadetes y que tenía todo un historial en dicha institución. Su nombre, o por su apodo como lo solíamos llamar todos, era Panchito. Este profesor que venía laborando en el colegio por décadas era un hombre viudo y sus hijos estaban en el extranjero. Obviamente vivía muy solitario.

A la par, recuerdo que llevaba un curso de Química,  la profesora que lo dictaba era nueva. Sus rasgos principales eran el carisma, la ternura y la fragilidad. Como profesora nueva de la institución, pasó rápidamente a ser el foco de atención de todos los docentes. Su inefable belleza seducía a todos, incluyendo militares, docentes y cadetes. Lástima que para algunos, estaba casada y con dos hijos infantes. Si se me permite, deduzco que se ganó la atención de muchos debido a su tipo de personalidad que complementaba al de la mayoría de nosotros en aquel entonces, es decir, un tipo de personalidad opuesto a la suya, típico de un ambiente militar y estricto.

Con esta breve descripción, procederé a relatar el proceso de seducción que Panchito ingeniosamente utilizó desde el momento que la percibió como el centro de atención hasta el final del año escolar.

Al trascurrir el primer mes de clases, ella ya era el centro de las conversaciones en los recesos, de casi todos los cadetes, docentes e incluso militares, pues era una de las pocas mujeres en toda la institución. Sin mencionar los innumerables comentarios respecto a su persona, las innumerables apuestas de cadetes por ganarse su favoritismo e hipótesis respecto a su trato con algunos.

Joven, con una edad aproximada de 30 años, de tez muy clara y una figura corporal curvilínea, además de una envidiable silueta. Sabía que su presencia alteraba a más de uno, incluyendo al profesor de religión.

Pues para no entrar en relatos largos, cuando menos lo imaginábamos, panchito haciendo gala de una serie de estrategias muy sutiles, propias de su larga experiencia por la vida, ya andaba con ella a todas partes. Se había vuelto en una especie de guardaespaldas para ella, claro está que panchito, al parecer, tenía otras intenciones. Pues la mayoría de cadetes que llevábamos clases con panchito, sabíamos que su personalidad austera había dado un cambio radical. Pues repentinamente, se tiño el cabello, de lo que era grisáceo con abundantes canas a un color negro muy fuerte, lo cual le daba la apariencia de haberse reducido unos cuantos años, también su interés en el curso declinó, mientras que sus ganas de saber más de ella aumentó, pues lo llevó a inquirirnos constantemente respecto a quién la “fastidiaba”. Fue así que poco a poco se empezó a correr el rumor de que panchito era el favorito para seducir a la aclamada profesora, ya que conforme ella iba ganando más popularidad, también iba ganando enemigos… En otras palabras, envidia por parte de algunas profesoras y profesores, quienes estos últimos no tenían oportunidad de poder atrasar a los grandes avances que panchito ya había dado.

Cuando íbamos por la mitad del año escolar, la frágil profesora empezó a ser víctima de viles comentarios acerca de su persona. Esto la llevó a tener algunas dificultades en su salud, problemas que se sobreponían a su frágil resistencia. Pues al parecer, el ambiente afable y armonioso que se armó para ella al inicio del año escolar, pasó a ser uno corrosivo y ácido a la mitad del transcurso.

Conforme se manifestaba sus problemas de salud; mareos, presión baja, dolores de cabeza, y todos estos en el transcurso del horario académico. Panchito empezó a demostrar un cambio más agresivo hacia sus aparentes rivales a través de escarniosos comentarios que daba en clase. Y una preocupación infundamentada respecto a la profesora.

Este cambio que llamó la atención de todos, el de panchito, fue lo que más nos impactaba de toda la coyuntura que se iba presentando. Pues todos los cadetes de tercero, cuarto y quinto de secundaria que conocían a panchito, sabían que una atmósfera incómoda se estaba viviendo a raíz de esta riña invisible que se daba en contra de la profesora y panchito. A pesar de que la profesora solo enseñaba a cuarto de secundaria, los de tercero y quinto vivían la situación con igual ansiedad a los de cuarto debido a que panchito enseñaba a todos los años, y por ende, mantenía al tanto de la situación a todos los cadetes. Es así que se empezó a formar una serie de conspiraciones por parte de los cadetes en contra de algunos profesores que no estaban a favor del aparente romance que se daba entre panchito y la profesora.

Toda la situación llegó a su clímax a fin de año cuando la profesora fue víctima de viles conspiraciones en su contra, como injurias a sus espaldas, amenazas invisibles y chismes sin fundamentos, pues para entonces, panchito era otro y había formado pseudoalianzas en contra de aquellos profesores que, aparentemente, querían hacerle daño y a la profesora. Con todo esto, muchos cadetes de los tres grados empezaron a faltar el respeto a algunos profesores, llegando a armar todo un motín a vísperas de exámenes finales. Todo esto desencadenó un caos durante los exámenes finales, pues algunos profesores por temor a su integridad, no asistieron a sus aulas respectivas para supervisar los exámenes, por ende, muchos cadetes no dieron exámenes a falta de profesores y pruebas. Siendo así que al final varios profesores entregaron promedios de notas falseadas a favor de los alumnos.

Luego de todo lo ocurrido, irrecusablemente fuimos castigados por los militares con largas sesiones de ejercicios pesados, pero al fin y al cabo, salimos de vacaciones.

Cuando volvimos de vacaciones, mi promoción y yo ya estábamos en quinto de secundaria y muchos nos preguntábamos qué habrá sido de panchito y la profesora. Pues nuestra sorpresa fue magna cuando nos percatamos de que la profesora se retiró del colegio y panchito volvió a clases con su color natural de cabello, un grisáceo con abundantes canas. Mas la sorpresa fue en aumento cuando le preguntábamos ¿panchito qué pasó con la profesora?, su respuesta era un simple ladeo de cabeza y una negativa a hablar del tema. Aunque a pesar de que panchito volvió a ser el mismo de antes, lo más curioso fue cómo su vida dio un cambio repentino de un año para otro, es decir, en tercero de secundaria era austero, incluso reacio a dar cambios con respecto a su personalidad, luego en cuarto su personalidad cambió drásticamente con la aparición de la profesora de química y finalmente, volvió a ser el mismo de tercero cuando ya estábamos en quinto. En otras palabras, en tercero era él, en cuarto era otro y en quinto volvió a ser él.

 

Este caso de panchito nos relata un cambio de personalidad muy flexible, teniendo en cuenta su edad, aparte que fue el que, por decirlo de alguna manera, ganó el favoritismo que muchos competidores, obviamente más jóvenes, anhelaban. De todo esto se puede inferir que a mayor edad y experiencias significativas, mayor probabilidad de que tu personalidad seduzca a los demás. En cristiano, un adulto mayor tiene más probabilidades de seducir que un joven.

Algo que me gustaría aclarar respecto al concepto de seducción, es que se entienda por este en su acepción más amplia y vasta, es decir, seducción como amigos, amantes, compañeros de trabajo, etc.
 



Referencia:
Greene, R. (2001). El arte de la seducción. Nueva York: Espasa.

Escrito por: Huertas Mantilla, Leonardo.

jueves, 2 de octubre de 2014

La sabiduría en los adultos mayores


Antes de iniciar con este breve bosquejo, entiéndase por sabiduría, en una de sus acepciones, como el grado más alto del conocimiento (RAE, 2014).
Es sabido que existe una creencia estereotipada muy bien fundamentada que los adultos que llegan a una edad avanzada son sabios. De ahí surge el famoso refrán “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Vale aclarar que esta regla se aplica solo para aquellos adultos que consiguen llegar a la etapa de la vejez con éxito, es decir, exceptuando a aquellos con deficiencias mentales o problemas graves de salud.
De todos modos, el objeto de este bosquejo reside en la siguiente pregunta ¿Cuáles son los límites del entendimiento humano?
Bueno, si bien es cierto que una persona adulta mayor puede llegar a ser muy sabio, ya sea por lo ilustrado que es o por el recorrido que ha tenido en sus años de vida. Alberto Durero (1471-1528), un hombre renacentista por excelencia: artista, filósofo, alquimista y estudioso durante toda su vida de los antiguos misterios. Nos plasma en una de sus obras más célebres, probablemente la más excelsa de todas, Melancolía I, los esfuerzos de la humanidad para “comprender” los antiguos misterios.


Melancolía I, 1514 Alberto Durero
 (grabado en papel verjurado)
 Colección Rosenwald
 Galería Nacional de Arte
 Washington”
En Melancolía I una figura pensativa provista de enormes alas está sentada ante una construcción de piedra, rodeada de la más dispar y extraña colección de objetos imaginable: una balanza, un perro famélico, instrumentos de carpintero, un reloj de arena, varios cuerpos geométricos, una campana, un angelote, un cuchillo y una escalera.
Existen muchas interpretaciones de este grabado, de las cuales, una de las más fidedignas es la que Dan Brown nos presenta en su obra El símbolo perdido, en el cual, el personaje alado es una representación del genio humano: un gran pensador con la mano apoyada en el mentón, abatido, que aún no es capaz de alcanzar la iluminación. Está rodeado de todos los símbolos del intelecto humano; objetos pertenecientes a los campos de la ciencia, las matemáticas, la filosofía, la naturaleza, la geometría, e incluso a la carpintería, y sin embargo, todavía no puede subir la escalera que lo conducirá a la verdadera iluminación. “Hasta al genio humano le cuesta entender los antiguos misterios”.
Simbólicamente este grabado representa el intento fallido por parte del hombre de transformar el intelecto humano en poder divino.
Estas palabras del protagonista de la novela, Robert Langdon, definitivamente son certeras para el año 1514, año en el cual se finalizó el grabado, mas hoy en día, año 2014, ¿seguirán siendo certeras?
Al parecer, investigaciones en ciencias noéticas nos brindan respuestas muy interesantes…

Referencia:

- Brown, D. (2009). El símbolo perdido. (1a ed.). Santiago de Chile: Planeta.

Escrito por: Huertas Mantilla, Leonardo P.




miércoles, 1 de octubre de 2014

Adultos mayores creyentes y no creyentes.


Los índices de adultos mayores con educación religiosa son mucho mayores en los tiempos antiguos a la actualidad. Estos adultos mayores con creencias religiosas, ya sean católicas, mormones, adventistas o afines, tienen en común la creencia de un Dios.  A donde quiero llegar es a la esencia de esto, es decir, que cuando uno de estos adultos mayores con creencias religiosas acepta que existe una deidad superior que nos ha creado y a aquello le debemos nuestra existencia, están dando automáticamente un sentido extra a sus vidas de alguna manera. Sentido que los hace sentir mejor subjetivamente, a que negar la existencia de dicha deidad y sentirse mal subjetivamente. Por algo mencioné que eran creyentes.

Ahora, es sabido que para la ciencia este tema es ajeno por lo mismo que no hay pruebas fehacientes de tal deidad, mas no entraré en el famoso debate científico que si existe o no dicha divinidad por el cual muchos adultos mayores de nuestros tiempos le dedican sus energías, sino, en el vacío que la ciencia deja y la religión llena.

La cita a continuación es casi textual de un libro que plantea como centro la pugna de ciencia versus religión a lo largo de la historia, claro está que lo acomodaré al campo de la vejez para poder comprender y respetar aquel sentido de vida que muchos adultos mayores adoptan para sí, a su vez, teniendo en cuenta que más de la mitad de adultos mayores de nuestra realidad peruana no tienen los estudios respectivos en ciencia para poder debatir la existencia de dicho Dios.

En la siguiente cita, el Camarlengo ante la situación dramática en la que se encontraba, decide dar su último discurso:

Han ganado la guerra. Los engranajes han estado en movimiento durante mucho tiempo. Su victoria ha sido inevitable. Nunca había sido tan evidente como en este momento. La ciencia es el nuevo Dios. La medicina, las comunicaciones electrónicas, los viajes espaciales, la manipulación genética… Son los milagros que anunciamos como prueba de que la ciencia nos proporcionará respuestas. Las viejas historias de inmaculadas concepciones, zarzas ardientes y mares que se separan carecen ya de toda importancia. Dios se ha convertido en algo obsoleto. La ciencia ha ganado la batalla. Nos rendimos. Pero la victoria de la ciencia ha tenido un precio para todos nosotros. Un precio muy alto. Es posible que la ciencia haya aliviado las desdichas de la enfermedad y el trabajo extenuante, y creado toda una serie de aparatos destinados a divertirnos y aumentar nuestra comodidad, pero nos ha dejado en un mundo sin prodigios. Nuestras puestas de sol se han reducido a longitudes de onda y frecuencias. Las complejidades del universo han sido destripadas en ecuaciones matemáticas. Hasta nuestra valoración como seres humanos ha sido destruida. La ciencia afirma que el planeta Tierra y sus habitantes son puntos sin importancia en el gran esquema de las cosas. Un accidente cósmico. Hasta la tecnología que promete unirnos nos divide. Cada uno de nosotros puede estar conectado electrónicamente con el resto del globo, pero nos sentimos totalmente solos. Nos bombardean la violencia, la división, la fractura y la traición. El escepticismo se ha convertido en una virtud. El cinismo y la exigencia de pruebas han devenido pensamiento esclarecido. ¿Acaso sorprende que los humanos se sientan ahora más deprimidos y derrotados que en cualquier momento de la historia de la humanidad? ¿Defiende la ciencia algo sagrado? La ciencia busca respuestas en fetos nonatos. Hasta presume de manipular nuestro ADN. Desmonta el mundo de Dios en piezas cada vez más pequeñas, en busca de un significado… y solo encuentra más preguntas. La vieja guerra entre ciencia y religión ha terminado. Han ganado. Pero no han ganado justamente. No han ganado proporcionando respuestas. Han ganado convenciendo a nuestra sociedad de que verdades antes consideradas como inmutables ahora parecen inaplicables. La religión no puede mantenerse a la altura. El crecimiento de la ciencia es geométrico. Se alimenta de sí mismo como un virus. Cada nuevo descubrimiento abre las puertas de un nuevo descubrimiento. La humanidad necesitó miles de años para progresas desde la rueda al coche. No obstante, solo transcurrieron décadas desde el coche hasta la nave espacial. Ahora, medimos el progreso científico en semanas. Estamos girando sin control. El abismo entre nosotros se ensancha cada día más, y la religión queda abandonada, la gente está sumida en un vacío espiritual. Pedimos a gritos respuestas. Lo digo en un sentido literal, créanme. Vemos ovnis, nos dedicamos a zapear, nos ponemos en contacto con espíritus, experiencias extrasensoriales, búsquedas mentales… Todas esas ideas excéntricas poseen un barniz científico, pero son desvergonzadamente irracionales. Constituyen el grito desesperado del alma moderna, solitaria y atormentada, tullida por su esclarecimiento y su incapacidad de aceptar significado en nada que no esté relacionado con la tecnología.

La ciencia nos salvará, dicen ustedes. Yo digo que la ciencia nos ha destruido. Desde los tiempos de Galileo, la Iglesia ha intentado aminorar la velocidad de la marcha inexorable de la ciencia, a veces con medios descarriados, pero siempre con buenas intenciones. Aun así, las tentaciones son demasiado grandes para que los hombres opongan resistencia. Miren a su alrededor. No se han cumplido las promesas de la ciencia. Las promesas de eficacia y sencillez no han tenido más que contaminación y caos. Somos una especie fracturada y frenética… que avanza por el sendero de la destrucción.

¿Quién es este Dios de la ciencia? ¿Quién es el Dios que ofrece a su pueblo poder, pero no en un marco moral para utilizar este poder? ¿Qué clase de Dios da fuego a un niño, pero no le advierte de los peligros que conlleva? El idioma de la ciencia carece de indicadores del bien o el mal. Hay tratados científicos que enseñan a crear una reacción nuclear, pero no contienen ningún capítulo en que se pregunte si es una idea buena o mala. “Digo esto a la ciencia y a los científicos”. La iglesia está cansada. Estamos hartos de intentar ser sus guías. Nuestros recursos se están agotando, por culpa de la publicidad que dice que ustedes son la voz del equilibrio, mientras continúan su ciega carrera en pos de chips cada vez más pequeños y beneficios cada vez más grandes. No preguntamos por qué no ejercen el más mínimo autocontrol, porque se trata de una tarea imposible. Su mundo se mueve con tal celeridad que, si se detienen siquiera un instante para meditar en las implicaciones de sus actos, alguien más eficiente les borrará de un plumazo. En consecuencia, siguen adelante. Construyen armas de destrucción masiva sin conocimiento, pero es el Papa quien viaja por el mundo para aconsejar prudencia a sus líderes. Clonan seres vivos, pero es la Iglesia quien nos recuerda que pensemos en las implicaciones morales de nuestros actos. Animan a la gente a comunicarse mediante teléfonos, pantallas de vídeo y ordenadores, pero es la Iglesia la que denuncia la falacia de este razonamiento.

Y mientras tanto, proclaman la ignorancia de la Iglesia. Pero ¿quién es más ignorante, el hombre incapaz de definir el relámpago, o el hombre que no respeta su asombroso poder? La iglesia intenta tenderles la mano. A todo el mundo. Pero cuanto más nos esforzamos, más nos rechazan. Muéstrennos la prueba de que Dios existe, dicen. ¡Usen sus telescopios para explorar el universo, y explíquenme cómo es posible que Dios no exista, digo yo! Preguntan cuál es el aspecto de Dios. ¿De dónde sale esta pregunta, digo yo? La respuesta es la misma. ¿Es que no ven a Dios en su ciencia? ¿Cómo es posible tanta ceguera? Proclaman que hasta el más ínfimo cambio en la fuerza de la gravedad, o el peso de un átomo, bastaría para haber convertido nuestro universo en una sopa carente de vida, en lugar de nuestro magnífico mar de cuerpos celestiales, ¿y aún no ven la mano de Dios en esto? ¿En verdad es mucho más fácil creer que elegimos la carta correcta en una baraja de miles de millones? ¿La bancarrota espiritual es tan absoluta que preferimos creer en una imposibilidad matemática antes que en un poder más grande que nosotros?

Crean o no en Dios, tienen que creer en esto. Cuando, como especie, abandonamos nuestra confianza en un poder mayor que nosotros, abandonamos nuestro sentido de la responsabilidad. La fe, todas las fes…, son advertencias de que existe algo que no podemos comprender, algo de lo que somos responsables… Con fe, somos responsables los unos de los otros, de nosotros mismos, y de una verdad más elevada. La religión tiene sus defectos, pero sólo porque el hombre tiene defectos. Si el mundo exterior pudiera ver esta Iglesia como nosotros, más allá de sus rituales, vería un milagro moderno, una hermandad de almas imperfectas y sencillas que solo aspira a ser una voz compasiva en un mundo que gira fuera de control.

¿Estamos obsoletos? ¿Son dinosaurios estos hombres? ¿Lo soy yo? ¿De veras necesita el mundo una voz para los pobres, los débiles, los oprimidos, los niños nonatos? ¿De veras necesitamos almas como las de quienes, aunque imperfectos, dedican sus vidas a implorarnos que respetemos los principios morales, para no descarriarnos?

No podemos permitirnos ser apáticos, Da igual que consideren esta maldad en términos de Satanás, corrupción o inmoralidad… La fuerza oscura está viva, y crece cada día. No hagan caso omiso. La fuerza, aunque poderosa, no es invencible. El bien puede triunfar. Escuchen a sus corazones. Escuchen a Dios. Juntos podemos alejarnos del abismo. Rezad conmigo.

Y es así como esta cita pseudotextual termina con intrigas, preguntas, desconciertos, verdades, eufemismos y… Sí, la gran pugna de toda la historia; misticismo y ciencia. Dos caminos, un mismo objetivo, diferentes métodos.



Referencia:

-          Brown, D. (2000). Ángeles y Demonios. Barcelona: Ediciones Urano.

Escrito por: Huertas Mantilla, Leonardo P.